Mujer iroqués

lunes, 23 de octubre de 2017

MONCLOA AVENIU (Temporada 2ª, cap. 43)

STARRING



Mariano Rajoy como EL CHICO DEL PLASMA



Soraya Saenz como SORA



And the Guest Star is... ¡ESPE!




Palacio de la Moncloa. Despacho del Presidente.

_Ñiaoooooooooooo....

_Hola, Mar... ¡Mariano! ¡Deja el escalextric! ¡tienes una rueda de prensa en cinco minutos para explicar la aplicación del 155!

_ Pero Sora, mujer¿por qué te ponesh tan seria con eso? el 155 no era másh que una exhcusa para darle tiempo al rey para hacer entrar en razón a losh sediciososh

_ ¿como?.... ¿es que hay en marcha unas conversaciones entre Su Majestad y Puigdemont? ¡leches, deberías haberme avisado, hombre! ¡y yo que creía que estabas dando palos de ciego, y todo era una añagaza, pillín!

_ ¿conversacionesh? No, sólo hace falta que el rey use sush superpoderesh

_ Si, claro, su superaliento, anda déjate de guasas y dime cuales son los puntos de la negociación

_ ¿También tiene superaliento? Tenemosh un rey que no nosh lo merecemosh, pero yo me refería a su superfuerza, su capacidad de volar, su invulnerabilidad...

_ Anda, déjate ya de bromas, que casi me lo has hecho cree... un momento... Mariano, tú sabes que el rey no tiene superpoderes ¿verdad?

_ Pero... claro que losh tiene ¿no? si no losh tuviera ¿cómo iba a ser el garante de la unidad de Eshpaña?

*risas enlatadas* * Soraya agita la cabeza con incredulidad*


_ Mariano, el rey no tiene superpoderes... lo de garante es un purparler que pusieron en la Constitución por que sonaba bonito

_ Pero... si no tiene superpoderesh... ¿porqué le pagamosh ese sueldazo?

_ Leches, pues porque sí, igual que te lo pagamos a ti y aquí estás con el escalextric

_ Pero Sora, yo tengo superpoderesh

*Más risas enlatadas* *Soraya abre los ojos incluso más de lo que suele tenerlos abiertos*

_ Mariano - tú - no - tienes - superpoderes

_ Pero sí que losh tengo, tú lo vishte, cuando hice mi juramento delante de todosh vosotrosh, frente a la Linterna de losh Guardianesh... si eshtabash delante ¿no te acuerdash? " En el día másh brillante, en la noche másh oshcura,: el mal no eshcapará ..."

_ Pero ¿qué linterna? ¡Ahí sólo estaba la constitución y ... espera ¿Era eso lo que farfullabas? como no se te entiende nunca...

_ Mira, te lo demoshtraré, voy corriendo a la cabina telefónica másh cercana a cambiarme de ropa...

_ Pero... ¡si ya no hay cabinas telefónicas!

_ ¿Ya no lash hay?

_ No, las quitaron todas hace años...

_ ¿No hay cabinash? ... ¿qué eshta pasando aquí?...Me... me duele la cabeza... esh un complot ¿verdad? ¿quieren volverme loco y que no recupere mi sombra ¿esh eso?

*A Soraya se le caen las lentillas*

_ ... ¿qué?...

_ ¡Pero tú me ayudarash! ¡Vamosh Campanilla! ¡Agita tush alash y échame el polvo de Hadash! ¡Volemosh juntosh a NuncaJamash!

_ ¿Campan... ¡que soy Soraya!... espera... Marian,,, Peter... ¿cuanto hace que no te tomas tus pastill... tus caramelos?

_ ¡Vamosh! ¡caeremosh sobre losh piratash del capitán Zapatero!

_ Ay, Señor... espera, no te muevas de ahí ... Y NO TE ACERQUES AL BALCÓN

*marca nerviosamente un número*

_ ¿Espe? ¡ESPE! ¡VEN DEPRISA! ¡LE HA VUELTO A DAR EL CHUNGO ¡CORRE! ... ¡MARIANO! ¡DEJA DE SALTAR SOBRE EL SOFÁ!

*Espe entra a la carrera vestida de enfermera* *Aplausos*


_ ¿Dónde está ese chico malo? ¡Vaya! ¡Así que no hemos hecho caso de las instrucciones del Señor Doctor!

_ No te enfadesh, Wendy, yo sólo quería vencer a los piratash

_ Ya te daré yo piratas ¡anda, tira para el dormitorio! Venga, abre la boca... esta pastillita por la tía Soooora... esta por Jose Maaaari


_ ¿Me contarásh un cuento, Wendy?

*Soraya se queda sola en el despacho moviendo la cabeza* *entra un bedel*

_ Señora vicepresidente...

_ ...Ahora no, por favor...

_... pero los periodistas están esperando...

_... joder, la rueda de prensa.... *suspira*... Está bien, id preparando el plasma, voy a por la barba postiza y las gafas sin cristales....¿quién ha puesto el estrado tan alto? ¡TRAED EL TABURETE, LECHES!...

Tu bi continued...

Porque esto no se acaba nunca...

Qué país...

lunes, 14 de agosto de 2017

TREINTA AÑOS (II) ... de personas



Mi primer encargo con Geo fue una infografía explicando la estructura de un huracán. Disfruté mucho haciéndola, no me había dado cuenta de que había encontrado mi vocación: la divulgación.

En Geo tuve muy buena relación con Teo, el jefe de arte, y Pilar, la redactora jefe. En cambio apenas tuve vínculo con la redacción. El contraste fue tremendo cuando empecé a colaborar con Muy, un paso casi natural, ya que ambas redacciones compartían planta. Tras un año de trabajar con ellos me sentía parte del equipo, a todos los niveles. Y un equipo estupendo, ya que todas las personas con las que he trabajado allí me animaron a sacar de mí mucho más de lo que yo creía que podia ofrecer.

Por esas fechas me ofrecieron un contrato laboral en RED, no era mucho dinero (hoy serian unos 800 €) pero eso me dio un punto de seguridad cuando mas lo necesitaba. Mi chica y yo empezamos a convivir, empecé a hacer mis pinitos con aplicaciones 3D, y tuve trabajos muy variados. Colaboré con Emprendedores, de Hachette, y Mi Cartera, una publicación especializada en bolsa, junto a Rafa, que fue quien me propuso unirme al proyecto. Hice programas para el Planetario de Madrid, probablemente el cliente mas pejiguero que he tenido nunca, en colaboracion con Teo, con quien hice mis primeras animaciones digitales. Aprendí un montón, hice cosas muy chulas (y otras muy aburridas), gané bastante dinero... pero a finales de los 90 tenía claro que esos encargos eran secundarios.

Muy Interesante fue el punto de inflexión. Me formé y crecí como ilustrador y divulgador con esa revista y sus cabeceras hermanas. Y si miro hacia atrás ha sido una progresión increíble desde el chapucillas bienintencionado que empezó a colaborar con ellos hace como 20 años.

Como ya dije, allí me he sentido siempre parte de un equipo. Se lo debo primero a José, el director, que confió en mi potencial y me ayudó a confiar en lo mismo. En cuanto a la gente de la redacción,  podria hartarme (y hartaros) de hablar de ellos pero en esos primeros años fueron decisivos Cope, redactor jefe, que enseguida me propuso temas interesantísimos, Coral, documentalista, que me enseñó a sacarle partido a mi memoria visual, Mariajo, maqueta, que me ayudó a depurar mi narrativa (ilustrar implica narrar) y Santiago, jefe de arte, que me subió el listón mes tras mes, y me sacó el conformismo del cuerpo a fuerza de collejas*.


En 2000, al nacer nuestro hijo, dejé RED. Poco después hice un curso de 3D, para aprender a manejar correctamente esa herramienta (en su momento aprendí photoshop, illustrator, freehand, painter... por mi cuenta, pero con algo tan complejo necesitaba profesores, no tutoriales) Como miniproyecto, pensé en hacer un dinosaurio, y me dije, el mundo no necesita otro tiranosaurio, así que hice un pequeño dino conquense, Pelecanimimus. Que se publicó en Muy junto a una pequeña secuencia animada y gustó mucho a Pepelu y Patxi, de la cátedra de paleo de la UAM, empezando así con ellos una colaboración que aún continúa. Y también le gustó a Mauricio, que me propuso hacer juntos un dientes de sable y me enseñó a interpretar la anatomía de un ser vivo, y a moverlo. Así que fue una verdadera suerte que ese día decidiera no hacer un tiranosaurio.

Nuevos retos. Palma se hizo cargo de Muy Historia y contó conmigo desde el comienzo, como Mariajo al poner en marcha Muy Junior. La historia siempre me ha encantado así que no me costó lanzarme, pero era la primera vez que hacía cosas destinadas a un público juvenil (y por primera vez trabajaba con redactoras con edad suficiente como para ser mis hijas). Y por motivos que no vienen al caso dibujé algunas guarreridas españolas (entre otras cosas) para los extras P&R.

Hice trabajos de todo tipo y pelaje, y por en medio de ese maremagnum de encargos empezaba a brotar mi estilo propio. Una combinación de rigor en la información y un punto de humor a la hora de explicar, siempre y cuando sea pertinente, porque no puedes ilustrar con una gracieta un artículo en el que se habla del síndrome alcoholico del feto o los trastornos de autoestima. Pero sí merece la pena buscar una sonrisa cuando alguien tan friki como tú te propone ilustrar productos que aun no existen o la autopsia de un vampiro ¿verdad, Abraham? Y es que cuando hay buena sintonía,  el trabajo fluye y se goza.

Más casualidades. Hice un excelente equipo de trabajo con una nueva redactora, Pampa**, y lo primero que hicimos juntos fue un artículo sobre metamateriales, que me abrió las puertas de Focus Polonia, que a su vez me encargaron de urgencia y sin plazo las ilustraciones de la que sería mi serie más difundida a nivel mundial: los follasaurios.

Los ultimos 10 años han sido duros. La crisis ha dejado el mercado de las publicaciones por los suelos. Yo tuve (de nuevo) suerte. Muy es una buena cabecera para que te conozcan, y me han salido encargos muy dispares porque, a la hora de buscar un profesional para ellos, mi nombre saltaba de los primeros. Animaciones estereoscopicas para nintendo, secuencias animadas sobre la guerra de independencia, un CG bastante complejo sobre la historia de Cartagena... Con todo ha habido momentos de mucho agobio, de notar el animo por los suelos, de no ver camino por delante.

De sentirme un fraude. Todavía.

Sé que ha sido una combinación de un exceso de autocrítica, de saber lo buena que es la gente buena de verdad. De agotamiento físico y tensión.  Demasiados años seguidos viendo como despedian a personas estupendas, personal y profesionalmente, de leer malas noticias sin parar. Pero saberlo no lo hace menos duro.


Por suerte,en el ultimo año y medio he logrado dejar atras el agobio. Vuelvo a disfrutar de mi trabajo, estoy haciendo cosas chulísimas en el dia a dia, he ampliado mi cartera de clientes y tengo buenas perspectivas para 2018. Estoy mejorando mis lápices y hasta me he atrevido con las acuarelas

Y, quizás igual de importante, en ese tiempo he empezado a apreciarme como artista. Por primera vez desde que empecé. Hace 30 años.

30 años de buena suerte, porque en esos 30 años me he encontrado con gente estupenda, porque algunas siguen estando ahí***, y porque creo que voy a seguir llevándome sorpresas al respecto.

Y porque sé que aún me queda muchisimo por aprender, así que por ese lado tampoco voy a aburrirme.



* Un buen jefe de arte sabe sacar lo mejor de ti. He tenido la suerte de tener cinco a cual mejor, Teo, Rafa, Mariajo, Oscar y Santi
** Y seguimos trabajando juntos, ahora en la agencia SINC, más casualidades geniales
*** ¿Pensabas que no iba a mencionarte, Vir?

sábado, 12 de agosto de 2017

TREINTA AÑOS... (I) ¿de buena suerte?


... y sólo iba a ser algo provisional, para sacarme un dinero mientras estudiaba.

Quiero decir, siempre he dibujado. Desde niño me recuerdo con un lápiz en la mano garabateando papel. Pero jamás pensé que trabajaría dibujando.

Ricardo trabajaba en la sección de cultura del MINISDEF. Estaba montando una exposición y necesitaba que le hiciera unos recuadros sencillos. Me dijo que no podía encargarle eso a un profesional porque los Primeros Espadas (cito textualmente) no hacían esas cosas. No me llevó mucho tiempo y me vino muy bien tener algo de dinero. Siguieron otras chapucillas, para su sección y para un tal Javier, que quería unos dibujos sencillos para un libro. 

Poco después, en 1987, abrieron la Revista Española de Defensa y me llamaron para mapas, grafiquillos, chuminadas varias. Yo seguia estudiando, ingeniería agrícola. Pensaba dedicarme a algún trabajo en el campo. Como estos encargos ya superaban un cierto volumen me saqué una licencia como autónomo.

Acabé la carrera en 1990 y no había apenas curro para agrícolas. Para entonces ya estaba ganando entre 70000 y 90000 pelas al mes (400 - 500 euros, para entendernos) así que seguí dibujando. Fue una suerte no encontrar trabajo.

Yo no era bueno. Ni especialmente malo. Cuando me encargaban algo chapuceaba como buenamente podía. No era un Primera Espada, esos hacían cosas chulísimas, en aerógrafo o acuarela: yo hacía la morralla. Pero empezaban a pedirme algunas cosas interesantes ya que cumplía los plazos y no rechazaba encargos porque fueran pequeños. Nunca he entendido eso de que haya trabajos indignos de mi categoría. Si me encargan un catálogo de neveras, lo rechazaré si el precio es abusivo, no porque sean neveras. Y además tuve suerte de nuevo.

Cuando el jefe de arte de RED entró en un proyecto de Z para una revista de temas de salud y moda (Estar Mejor) me llamó. Hasta ahí la suerte: me encargaban cosas nuevas, más interesantes (morralla, pero de más categoría, y cosas que ya no eran morralla) A él le botaron pero quisieron seguir trabajando conmigo, no por suerte, sino porque resolvía.

La suerte no sirve de nada si no estás dispuesto a sudar cuando tienes una oportunidad decente. O si te crees mejor que el resto, como un autor, un ilustrador espectacular, buenísimo, que hacía unas aerografías increíbles, pero no entregaba en plazos porque se iba de vacaciones, o entregaba sin acabar, o entregaba algo muy por encima de lo que le habían encargado y pedía el doble o el triple de lo presupuestado. Otra actitud que nunca he entendido.

Primeras Espadas. No todos eran como ese capullo. Pero estaban entrando los Mac en las redacciones, y la mayoría de ellos no quisieron aprender a usarlos, porque sólo era una moda que pasaría pronto. O los usaban y entregaban una mugre porque en esos dos, tres primeros años, todo valia con tal de que fuera por ordenador.

Tuve suerte, yo estaba fascinado con freehand y Photoshop, y me pasé esos años haciendo mis morralla con ellos, aprendiendo a manejarlos y descubriendo que cubrían muchas de mis carencias. Que eran muchas. Usaba aerógrafo porque nunca aprendí técnicas de pincel* y como aerografista era de baratillo. Mis lapices no daban mucho de sí, no tenía buenas ideas como colorista** y mis tintas, en el mejor de los casos, eran correctas. Era un fraude, o me sentía un fraude, y me he sentido un fraude durante años.

Pero al volver del servicio militar los Primeros Espadas se habían extinguido y empezaron a encargarme cosas chulas. Y poco después Rafa se convirtió en el jefe de arte de RED.

La suerte, en general, me ha venido en forma de personas. Personas estupendas. Rafa y yo tenemos un latiguillo, más que un jefe ¡un amigo! Y fue y es así,  después de tantos años. Rafa tenía un montón de ganas de hacer cosas chulas, así que me las proponía, o me pedía mis propias propuestas, todo en plan ¿y si intentamos...? Lo que traducido al castellano de amigos es ¿hay huevos de...?

Compré mi primer equipo, un Apple centris610, en 1995. Y si sabéis de qué estoy hablando además de viejunos sois unos frikazos porque creo que en España sólo usamos las cajas de pizza una docena o así de personas. Y entonces llegó mi mayor golpe de suerte.

Llevaba un tiempo pensando en acercarme a la revista Geo, del grupo G+J, para enseñar mi trabajo y ver si me salía algún encargo. Y dos semanas antes de la fecha en la que pensaba llamar a la redacción, me llamaron ellos.

Tres años atrás me encargaron en RED una ilustracion realmente compleja. Se trataba de recrear el San Telmo, un buque de línea español que se perdió durante la guerra por la independencia de las Américas y naufragó en la Antártida. La documentación era un plano de arboladura, los cortes de quilla y las plantas de las cubiertas.

No habéis entendido una sola palabra. No os preocupéis, yo tampoco lo entendí. Pero en RED estaba Alfredo, y Alfredo era un enamorado de los buques atiguos. Dedicó un montón de tiempo a enseñarme a interpretar esos planos y, resumiendo mucho, trabajamos codo con codo para hacer la ilustracion que encabeza está entrada. Tras publicarla, le regalé el boceto a lápiz y conservé el arte final en tinta. Es el único de mis dibujos profesionales que tengo colgado en la pared, y el primero que, al acabar, me dije, joder, no parece mío... ES BUENO.

El caso es que en Geo querían publicar un texto sobre el San Telmo, y mi dibujo era (creo que lo sigue siendo) la única recreación decente de ese buque. Y ya que querían pedirme los derechos de reproducción, de paso querían ver más trabajos míos.

De no ser por mi fría racionalidad podría haber pensado que alguien velaba por mi desde algún lugar etéreo. Pero no hubo hados, sino azar y personas. Suerte. Y la aproveché.

* A los seis, siete años mis padres me propusieron ir a una academia de arte. Salía del cole a las seis de la tarde así que habría ido de seis a ocho. Les dije que no y por suerte me hicieron caso y tuve infancia
** Era un desastre, mezclaba colores sin ton ni son.

viernes, 11 de agosto de 2017

CUCHARILLAS DE SANGRE, LA PINÍCULA


A continuación os ofrezco la versión editada de la ida de olla que hemos tenido en tuiter esta mañana Ptraci, Germánico y yo, tras anunciar al mundo mi plan para descubrir porqué desaparecen las cucharillas, consistente en camuflar a uno de los tenedores de postre e infiltrarlo en el cajón de las cucharillas con cámara y micrófono ocultos.

Quizás pensaréis que hemos consumido algún tipo de sustancia poco legal pero os juro que no, que de natural somos así de gilipollers

Sin más preámbulos, apaguen sus móviles y vamos que nos vamos a ver la última de Brus Güilis

*Callejón oscuro. Unas cucharillas de café con ropa sexy entran por la puerta trasera de un local mugriento. Al traspasar el umbral, dos sujetan a una tercera que se debate inútilmente. Le arrancan un micrófono. Fundido a negro

BLOODY TEASPOON

*Letras ensangrentadas. Banda sonora con sirenas de policía*

*Amanece en la Cocina del Infierno, McLein entra en el sórdido local*

_ Qué tenemos aquí, novato?
_ Parece una cucharilla, McLein, pero va a ser difícil identificarla, fíjate, se han ensañado con ella
_ JODER no había visto algo tan chungo desde Saigón ¿qué dice el forense?
_ No dice nada, está en el lavabo, vomitando... espera, fíjate, no es una cucharilla, lleva una careta...
_ MIERDA ¡¡¡ES FORK!!!

...

_ Mira, McLein, lo único que quiero es que aclares esto cuanto antes con Asuntos Internos y le demos carpetazo. Me quedan dos semanas para jubilarme y no vas a joderme ahora
_ ¡Que le den a Asuntos Internos, comisario! ¡Fork confió en mí y alguien le vendió! ¡Deme un minuto con Spoon, sólo eso!
_ Tu placa. Ahora

*McLain arroja la placa sobre la mesa del comisario. Al hacerlo, una vieja foto cae al suelo. Él y Fork. El polvo amarillo de Indochina. Dos cucharillas sonrientes abrazándoles...Una foto que huele a noches de miedo, a viejos cafés, a cigarrillos y recuerdos. Una foto a la que no puedes traicionar*

...

_ La tuya es una bonita historia, Spoon, el chico que logró salir del cajón de las cucharillas, dejó atrás la droga y las bandas y se convirtió en el policía más mimado por la prensa...pero ¿sabes què me pasa con las historias bonitas? que no me las creo
_ ¡Estás loco, McLein! ¡Desátame!

*Patadón en la boca*

_Sí, Spoon, estoy loco. Algo de mí se perdió para siempre aquella noche en el Tet ¿Y sabes quien me sacó de allí? Fork
 _ Fork? Fork no era más que un estafador *escupe sangre* ha estado engañándote toda la vida, usándote a su conveniencia. ¡Eres su maldita marioneta!
_ Fork era un hijo de puta, pero era mi hijo de puta. Cuando has visto escupir las tripas a todo tu pelotón, sabes en quien puedes confiar
_ ¿Qué haces? ¡SUELTA ESO, NO!
_ Me pulí muchos charlies en Nam, Spoon. Al final dejas de contarlos. pero todos tenían caras redondas y metálicas, como tú, manchadas de té, pero muy parecidas. Así que decide, dame un nombre ahora, o reserva tu aliento para los gritos
_...¡TONGS! Joder, Tongs, el clan Yakuza

*deja en la mesa el estropajo nanas oxidado*

_Ahora empezamos a entendernos ¿qué sabes de esos putos palillos orientales?
_ Trabajan para el alcalde Knife *vuelve a escupir sangre y un diente* Él los contrató. Es quien está detrás del tráfico de cucharillas
_ Y tú te sacas un sobresueldo ¿verdad?
_ No es lo que piensas. Tienen a mi hermana, y la matarán si saben que he hablado contigo

* Lo desata*

_ Bueno, Spoon, va siendo hora de que te ganes esa medalla que te regalaron por ser miembro de una minoría
_ ¡QUE TE JODAN!
_ Te regalaron la placa, puta alpaca, al jefe Inox le diste penita con tu uniforme de cadete y quedabas muy bien en las portadas de los diarios. Pero ahora vas a aprender lo que significa ser un poli.

...

*Interior del restaurante de sushi Tongs*

_ Hay que sel muy estupido pala venil aquí solo ¿De veldad cleía que podía ganal, señol McLein? *saca un pelapatatas* Se clee un supelhomble pelo no es más que un boy scout sin pañoleta
_ No me oirás suplicar, puto limón
_ Oh, clalo que suplicalá, y cuando telminemos nos encalgalemos de esa chica a la que lescató, la helmana del agente Spoon. Polque nos dilá todo lo que quelemos sabel

*patadón a la puerta* *Spoon entra disparando enloquecido con una uzi en cada mano*

*caen palillos en todas direcciones, antes de lograr sacar sus armas*

...

*El restaurante Tongs arde por los cuatro costados* *sirenas de bomberos* *McLain sostiene a Spoon en medio de las llamas*

_ AGUANTA, JODER, SPOON, NO ME HAGAS ESTO, SIGUE CONMIGO
_ ... Es que...no sabes pedir ... las cosas ... por favor?

*sonríe, sus ojos quedan inmóviles* *un hilillo de sangre desciende por la comisura de sus labios. McLain presiona las heridas con fuerza y rabia mientras las lágrimas surcan su curtido rostro. Uno más...tantos amigos caídos*

*Movimiento entre las llamas* *El sicario intenta incorporarse y alcanzar su pistola* *McLain pisa su mano* *gritos de dolor*

_ ¡No, pol favol! ¡Le dilé todo lo que quiela!
_ ¿Tú sabes lo que quiero?

*sonríe de forma fría y aterradora* *coge el pelapatatas del suelo* *fundido a negro con gritos inhumanos*

...

_JODER MCLAIN ESTO ES UNA CARNICERÍA, ESTÁS JODIDO PSICOPATA DE MIER

*puñetazo*

_ No puede tapar esto, Comisario. Ya no.

*Flashes de fotos*

*El viejo sargento coge a McLein de la espada en abrazo amigo y se lo lleva a una esquina. Saca una placa de su bolsillo y se la tiende*

_ Estás dentro, McLain. Te apoyaremos, diga lo que diga asuntos internos. Termina el trabajo.

...

_ Sr. alcalde, George Kaufman, del New York Times ¿es cierto que usó su campaña electoral para blanquear el dinero del tráfico de cucharillas? ¿piensa dimitir?
_ Por favor, muchachos ¿Dimitir? ¿Por unos rumores sin fundamento difundidos por un policía fuera de servicio? Mi trayectoria política es intachable y tengo absoluta confianza en que los tribunales desecharán esas absurdas acusac

*coge una llamada al movil* *palidece* *más flashes*

...

*El cementerio. Una docena de policías irlandeses dispara la salva de honor*

*McLein, hecho un ecce homo, entrega una bandera a Sheyla Spoon*

_ Sheyla, yo...
_ ¡Cállate! Mi hermano pagó sus errores y los lavó con sangre, pero tú sigues creyendo que la vida es una peli de vaqueros

*Se abraza a su madre* *la señora spoon mira con dureza a McLein*

*Baja la mirada hasta encontrarse con los ojos llorosos del pequeño Timmy*

_ Tu padre murió como un héroe. No dejes que nadie te diga jamás lo contrario

*Su mirada se endurece* *Camina hacia la salida del cementerio con la luz del atardecer* *comienza a sonar Johnny Cash*

THE END

sábado, 5 de agosto de 2017

ROMA, LA SEPULTURERA


Existe una imagen de Roma bastante extendida entre el público, la de una civilización avanzada, cuya caída frenó el progreso de la humanidad durante siglos hasta que la antorcha de la racionalidad fue retomada por los humanistas del Renacimiento. Después de todo los romanos extendieron la civilización, transmitieron el legado helénico, favorecieron las artes, trajeron el derecho, acabaron con las religiones sangrientas que exigían sacrificios... hablando en plata, en esa imagen los romanos somos nosotros, pero con faldita.

¿Qué hay de cierto en esa idea? Bastante poca cosa. Antes de su expansión, Roma no era a priori muy diferente de cualquier otra ciudad estado del Mediterráneo, salvo por el hecho de que los campesinos participaban activamente de la vida política y constituían la espina dorsal del ejército, al contrario que, por ejemplo, las ciudades griegas, donde los agricultores estaban excluidos de los derechos ciudadan
os, o Cartago, que confiaba en tropas mercenarias antes que en levas.

Tampoco la evolución política de Roma difiere gran cosa de su entorno: Atenas, sin llamarse a sí misma república, lo era de facto, como lo fue Roma tras la expulsión de los tarquinos. Cartago, la gran rival, también contaba con estructuras políticas similares al Senado, y en las ciudades itálicas y sicilianas había un amplio abanico de opciones pero muchas, en mayor o menor medida, se basaban en asambleas de familias notables y una cierta participación popular.

Pero, podríamos preguntarnos, si no había, en lo esencial, grandes diferencias ¿qué llevó al ascenso de Roma? Personalmente creo que la respuesta es la obstinación y el temor.

Tradicionalmente establecemos el momento fundacional de Roma entre la mítica constitución de la urbe por Rómulo y Remo hasta la guerra y posterior acuerdo (probablemente también míticos) con los sabinos. Sin embargo, lo que iba a definir el carácter romano no son esos hechos, sino su saqueo a manos de los senones dirigidos por Breno, en el siglo IV. A raíz de ese suceso, en el alma romana quedó grabada a fuego la idea de que el mundo se dividía entre lo que había más allá de las murallas de Roma, y lo que quedaba en su interior, y que la única forma de garantizar la supervivencia de Roma sería mantener lo de fuera cuanto más lejos, mejor, y aplastar a cualquiera que supusiera una amenaza, real o en potencia.

A partir de ese momento Roma se desentenderá totalmente de lo que hay mas allá de sus fronteras, salvo para destruir aquello que la amenace, de forma real, potencial o incluso imaginaria, o para saciar su sed de riquezas, ya sea en forma de tierras cultivables, metales preciosos o esclavos. Puede parecer que esto es exagerado, dado que supuestamente gracias a los romanos sabemos mucho de los pueblos y tierras de su alrededor, pero si miramos con lupa lo que nos dicen sus autores surge un patrón muy característico. Solo por poner un ejemplo, las dos grandes civilizaciones que se opusieron al poder de Roma fueron Etruria, en la primera época republicana, y Cartago, cuando los romanos avanzaron más allá de la Península Itálica. Y ¿qué es lo que sabemos de estos dos pueblos?

Prácticamente nada. Algunos lugares comunes sobre lo decadentes y débiles que eran los etruscos, algunas notas sobre el espíritu traicionero y sanguinario de los púnicos y poco más. Sabemos que Cartago se regía por un sistema que recordaba al romano, pero no como eran su política, su cultura, sus tradiciones (la mayoría de las cuales se deducen por extrapolación de las tirias). No nos queda ni una muestra del idioma etrusco, que los romanos debieron a la fuerza conocer*. Por no tener, de Cartago no tenemos ni siquiera restos reconocibles, hasta tal punto se dedicaron a borrar todo recuerdo de su existencia.

De los pueblos iberos, galos o germanos, tenemos descripciones muy exóticas, pero todas son sospechosamente parecidas. Los bárbaros son valientes, viven de la caza y la ganadería, visten pieles y comen pan hecho de bellotas. Pero no hay tantas bellotas, y ni Galia ni Hispania eran tierras incivilizadas y salvajes, sino el hogar de culturas dinámicas, así que, muy probablemente, autores como Estrabon se limiten a repetir lugares comunes, porque TODO EL MUNDO SABE que los barbaros son seres incivilizados que visten pieles y comen harina de bellotas así que ¿qué necesidad hay de decir nada más?

No hablamos solo de ignorancia respecto a los pueblos vecinos. Roma no se preocupa tampoco por la geografía. Suena extraño en un pueblo que desarrolló una increíble red viaria, pero si bien los romanos gestionaban muy bien las distancias lineales, vitales para la logística y el comercio, carecían del concepto mismo de mapa. Es más, si las observaciones de un viajero, o una expedición, no coincidían con lo que decía la tradición, se consideraban que eran equivocadas. Así, los informes de la expedición naval de Germanico por las costas del mar del norte fueron desechadas ya que la tradición decía que la costa norte de Europa era lineal, sin penínsulas, y de acuerdo a esa misma tradición los romanos consideraban que Inglaterra era una isla en mitad del Cantábrico a igual distancia de Hispania que de la Galia

Otro de los puntos que se suelen mencionar a favor de la modernidad de Roma es el haber alcanzado una religión libre de sacrificios humanos, al contrario que los cartagineses o los galos, pero esa idea no se sostiene: los combates de gladiadores eran sacrificios humanos en honor de un difunto, y no hablamos de unas docenas sino de centenares e incluso miles de muertes anuales. El pueblo romano era una masa ávida de sangre, y sus gobernantes gastaban ingentes sumas para saciar esa sed

La economía romana tampoco se basaba en la racionalidad. La historia de Roma tras la primera guerra púnica es una continua huida hacia adelante para sostener un sistema que se devoraba a sí mismo. La segunda guerra púnica destruyó a la casta de granjeros y pequeños agricultores que constituían la espina dorsal de la sociedad y el ejercito romano, arruinándoles causando una desigualdad social que ya nunca dejo de crecer. El estado se veía forzado a continuas acuñaciones para mantener suficiente moneda en circulación debido al acaparamiento de la moneda de calidad por las clases adineradas, a la necesidad de pagar al ejército y al costo, siempre en aumento, de las importaciones de alimentos, ya que el propio agro italiano y siciliano fue poco a poco dedicado casi en exclusiva a la ganadería, mucho más rentable económicamente para los latifundistas Las campañas contra Dacia o Partia eran puras expediciones de saqueo en un intento de volver a llenar los cofres imperiales del oro y la plata que, año tras año, se perdía rumbo a oriente para pagar especias y productos de lujo, dado que la propia Roma era incapaz de producir nada que interesara a China o la India, más allá de sus metales preciosos.

El derecho romano merece un vistazo aparte. Sobre el papel, Roma fue el gobierno dela justicia y la igualdad. La realidad es muco mas cruda: la maraña legislativa romana era un cumulo de normativas amontonadas unas sobre otras, que de cuando en cuando era expurgada antes de un nuevo amontonamiento, como en tiempos de Adriano. Pero, además, la ley no era igual para todos porque no había mecanismos que pudieran garantizar su aplicación. Un ciudadano pobre, que se viera avasallado por uno rico, no podría ir a los tribunales para pedir justicia porque no podría pagársela, aunque su poderoso vecino hubiera mandado una turba de matones a apalearle públicamente y despojarle de todos sus bienes. La única forma que tenía el romano de a pie para protegerse era acogerse a la protección de un poderoso, es decir, entrar en su red clientelar, a cambio, por supuesto de su devocion y fidelidad. Al final, los tribunales eran el lugar donde los ricos disputaban, y el derecho, en muchos casos, una distracción, un pasatiempo para los pleiteadores que pasaban su vida demandándose por rencores de causas olvidadas décadas atrás.

La brillantez cultural de Roma es, de nuevo, un espejismo. La cultura Mediterránea, al comienzo de la segunda guerra púnica, estaba en su apogeo, gracias al flujo constante de influencias entre culturas diferentes y vivas, como la del Egipto de los ptolomeos, la seleucida, la grecomacedónica, la cartaginesa, las diversas culturas gálicas o hispánicas... ¿o pensabais que la Dama de Elche la hicieron unos extraterrestres?

Toda esa vida, ese esplendor, quedó aplastado bajo las caligae de las legiones. Roma impuso su cultura como la única válida, con un cierto barniz helénico y detalles orientalizantes a medida que el Principado dio paso al Imperio medio, pero la realidad es que el flujo del arte y las ideas cesó, ahogado por una homogeneidad imitativa que se iría repitiendo a sí misma durante siglos, sin creatividad (los monumentos tardoimperiales se limitaban a expoliar las construcciones republicanas o del principado, recargándolo todo con más decoración)

Pero, me diréis, los romanos nos transmitieron el legado de los griegos. No, los romanos nos transmitieron lo que les gustó del legado griego. El resto lo ignoraron, cuando no lo destruyeron. Hemos necesitado 20 siglos para descubrir que en la época tardohelenista los astrónomos utilizaban calculadoras mecánicas para predecir los movimientos estelares, porque los romanos nunca se interesaron por esas máquinas más allá de verlas como juguetes o curiosidades, y de no ser por el hallazgo de Antikitera seguiríamos ignorándolo todo respecto a una matemática y una manufactura mecánica que no se igualaron hasta el siglo XVIII.

Roma no fue la gran preservadora, sino la gran destructora. Se dice que la Edad Media fue una época de oscuridad cultural, pero en realidad el marasmo llevaba ya tiempo extendiéndose bajo una losa inamovible y asfixiante

Y os preguntaréis, si tan bestias eran, si tan cerriles, si tan salvajes ¿como prevalecieron? Pues precisamente por eso. Los romanos eran cerriles hasta la extenuación. Daba igual cuanto tardaran, cuantas derrotas cosecharan, cuantas legiones fueran necesarias: si Roma decidía la destrucción de una nación, la conquista de un territorio, tarde o temprano tendría lugar, al precio que fuera. Empecinamiento, como dijimos al principio, ya que incluso tras una derrota los supervivientes se refugiarían en sus campamentos fortificados y, cuando el enemigo victorioso se dispersara, las legiones seguirían ahí, a la espera de volver a luchar. Aunque no hubiera ningón beneficio real en ello, aunque cada conquista supusiera un nuevo frente abierto que nunca se cerraria. El orgullo romano exigia no volver jamas atrás, y sólo conocemos un caso en el que Roma desistiera, estando en la plenitud de sus fuerzas: el de Germania.

Roma sólo sabía hacer dos cosas bien: masacrar pueblos, y construir obras duraderas. Y ellos mismos eran muy conscientes de ello. Nos lo dejó dicho Tácito, en palabras que siguen resonando a través de los siglos

Auferre, trucidare, rapere falsis nominibus imperium, atque ubi solitudinem faciunt, pacem appellant

A la rapiña, el asesinato y el robo, los llaman con falso nombre gobernar. Crean un desierto, y lo llaman Paz

* Los romanos evidentemente tuvieron que ser capaces de leer y escribir la lengua de los etruscos, pero no hay ni un fragmento latino que nos permita entender ni siquiera por encima las inscripciones etruscas. Si alguna vez escribieron gramáticas o diccionarios, acabaron por olvidarlos

martes, 1 de agosto de 2017

Matanza de Mamelucos en la Puerta del Sol


La mejor forma, para mí, de visitar el museo del Prado es paseando, sin prisa, disfrutando no sólo de las pinturas, sino de la historia que narran, la que reflejan y la que llevan detrás de cada pincelada. Hoy quiero hablaros de una de esas historias que suele pasar desapercibida, por lo impresionante de la obra que la contiene. 

Buena parte del público cree, erróneamente, que el cuadro de Goya del 2 de mayo es el de los fusilamientos de la Moncloa. En realidad ese lienzo refleja lo sucedido al día siguiente del alzamiento de Madrid, el 3 de mayo. El 2 de mayo es, como su hermana, una pintura de inmensa carga dramática, pero mucho más caótica, y con un título, cuanto menos, sorprendente: Carga de mamelucos en la puerta del sol. Y digo, sorprendente, porque lo que vemos no es una esplendida carga de caballería, con lanzas y sables refulgentes, sino una carnicería, hasta el punto de que el cuadro, informalmente, es conocido como Matanza de mamelucos.

Evidentemente el título se refiere a los cinco jinetes de aspecto oriental que, junto a un coracero imperial, hacen frente a una muchedumbra armada con palos, piedras y navajas. Pero ¿quienes son esos guerreros ataviados a la turca? Y ¿que están haciendo en Madrid, ese fatídico 2 de mayo de 1808?

El origen de los mamelucos es anterior a la expansión de los turcos por el islam, pero fueron turcos en sus comienzos. Turcos paganos, capturados por las tropas del emirato persa samánida en el suglo VIII, durante los conflictos fronterizos con los pueblos nómadas del asia central. Estos prisioneros eran vendidos como esclavos, de ahí su nombre, mamluk, los que tienen dueño, los poseídos. Islamizados durante su esclavitud, los mamelucos alteraron la sociedad musulmana en dos formas: por una parte, facilitaron la conversión de sus hermanos nómadas, integrándolos así en la esfera del califato abásida. Por el otro, los propios esclavos fueron volviéndose poco a poco una parte importante de la estructura de gobierno del califato y sus emiratos, ocupando puestos de confianza, convirtiéndose en secretarios primero, gobernadores e incluso emires al final, y nutriendo las filas de sus ejércitos, ya que eran jinetes muy apreciados por su valor y eficacia

Con el tiempo los califas confiaron en ellos para nutrir sus tropa de élite y su guardia de corps, y en la práctica acabaron siendo prisioneros de la voluntad de sus poderosos y muy bien armados esclavos. El califato abasí se hizo pedazos en el siglo X y a partir de ese momento los mamelucos se convirtieron en el poder en la sombra de los diversos califatos independientes surgidos de sus ruinas. La tradición de los mamelucos seguía bebiendo de sus orígenes turcos, pero sus filas se nutrían ahora también de niños y jóvenes de los pueblos de las estepas rusas, caucásicos, como los armenios, y también de esclavos sudaneses y etíopes.

Surgieron estados mamelucos, siendo el más importante de todos el de Egipto, cuyos sultanes compraban para engrosar sus tropas esclavos georgianos, circasianos y turcos cumanos, vendidos en el Cairo por mercaderes genoveses, y que al igual que sus predecesores abásidas acabaron siendo meras marionetas en manos de sus oficiales. Los mamelucos egipcios sólo se sometieron bajo la mano de hierro del gran Saladino, y fueron cruciales en las batallas que acabaron con el reino latino de jerusalén, pero en el siglo XIII Egipto era ya, virtualmente, un reino mameluco indendiente, y seguiría así hastaque en 1515 el sultan selim I se adueñó de El Cairo, retornándolo a la esfera del islam, ahora bajo la sombra del poderoso imperio turco.

Los mamelucos conservaron su influencia, actuando como gobernadores, y en los siglos sucesivos fueron recuperando su poder de modo que, a finales del siglo XVIII, Egipto volvía a ser, virtualmente, un reino independiente en sus manos, cuando una flota francesa enviada por el Directorio desembarcó un ejército a las órdenes del ambicioso general Napoleón Bonaparte

El futuro emperador derrotó a los mamelucos en una feroz batalla a los pies de las pirámides. Los jinetes, ataviados de coloridos y fastuosos ropajes, armados con espadas y pistolas bellamente decoradas con todo tipo de filigranas, cargaron una y otra vez contra las tropas francesas, siendo rechazada por la artillería y las andanadas de la infantería. Los supervivientes seguirían combatiendo en docenas de esacaramuzas, pero ese 21 de julio de 1798 el poder de los mamelucos cayó para no volver a levantarse jamás. En 1806, tras asumir el poder, el nuevo bey de Egipto, Mehmet Alí, se deshizo de sus úttimos líderes asesinándolos durante un banquete

Tras la victoria de Guizah Napoleón incorporó a sus fuerzas algunas tropas mamelucas que se habían rendido o habían sido capturados, y tras su regreso a Francia solicitó la formación de un escuadrón egipcio de caballería en Marsella, para emplearlos de forma similar a sus unidades de húsares, en tareas de reconocimiento y persecución. Reducidos inicialmente a solo dos compañías, tras la victoria de Austerlizt, ya sumaban un regimiento completo y despertaban la admiración de toda europa por lo exótico de sus uniformes y el valor que derrochaban en batalla.

Y así llegamos a marzo de 1808, cuando el mariscal Murat entra en Madrid, a la cabeza de un nutrido ejército, convencido de que la corona española, que el estúpido Carlos IV y su estúpido y además miserable hijo Fernando van a poner en manos del Emperador, recaerá sobre su cabeza. Decidido a impresionar a los que cree que un día serán sus súbditos, trae como escolta una compañía de mamelucos. Dos meses después, al saber que los últimos miembros de la familia real están a punto de ser enviados a Francia, estalla la lucha en las calles de la capital, y allá van los jinetes musulmanes, sable en mano, en medio de la muchedumbre

Un escuadrón ha quedado aislado del resto, al fondo vemos las cabezas de sus compañeros, incapaces de auxiliarles. Acostumbrados a combatir en campo abierto, los mamelucos se han visto arrastrados y arrinconados por una multitud furiosa que no retrocede por muchos de los suyos que caigan, presas de esa ira ciega que ya no se detiene. Leemos el pánico en los ojos de los soldados esclavos, que probablemente ni saben ni entienden porqué están ahí, ahogados en un mar de furia imparable y que, quizás por primera vez en sus vidas, tratan desesperadamente de huir, sabiendo que no lo lograrán, y que serán pisoteados y descuartizados vivos por una muchedumbre hastiada, que ha gritado ¡Basta! y se ha alzado contra la tiranía, ignorando que sólo lograrán traer una tiranía aún peor

Y así los plasmó la mirada de Goya: en medio de los relinchos aterrados de sus caballos, los últimos mamelucos, a miles de kilómetros de sus hogares, alzan sus armas intentando resistir un instante más, congelados para siempre ante nuestros ojos, en un escorzo imposible, una agonía que nunca tendrá final.

viernes, 9 de junio de 2017

DIARIO DE LA PATERNIDAD RESPONSABLE (y XXIV)



Es con gran dolor en mi corazón que vengo a hacer un anuncio a mi estimada audiencia. Querido público, amables lectoras, honorables miembros...

miembro... jijijiji...

honorables miembros, insisto, del cuerpo diplomático, señor nuncio apostólico... ha llegado el momento de cerrar una etapa:

Hoy, el Diario de la Paternidad Responsable llega a su fin

*ahogados gritos de dolor* * rostros incrédulos* *la multitud se rebela, porquéeeee, dios mío, porquéeeeeeeee*

Ha sido un largo camino, desde aquella primera entrada en septiembre de 2010. Con ésta, que cierra la obra, suman 24 entradas sobre la cría del adolescente doméstico. De lejos, mi serie más longeva y la más exitosa, si no en términos numéricos brutos (mi entrada sobre las pajas sigue siendo la primera en cuanto a número de visitas, pero de mantenerse la tendencia pronto será superada por El clítoris y sus misterios) sí en cuanto a expectac... espexta...espectorac... a interés y comentarios favorables. Cada una de las entradas ha sido saludada y acogida con entusiasmo, dentro y fuera de la red. Me he encontrado con docenas de madres que se han visto reflejadas en mis peripecias y hemos disfrutado del placer común, y dulcemente culpable, de reírnos de nosotras mismas, compartiendo una sonrisa de complicidad. Pero Terminus, pese a tener un templo diminuto y un culto que casi pasaba inadvertido, era el más poderoso de los dioses del panteón romano, porque todo debe tener un final, y el Diario no es una excepción.

Miremos el lado bueno, por fin voy a dejar de traumatizar públicamente a mi retoño, con todo lo que eso conlleva de ahorro en psicólogos y terapia. Ahorro para él, porque yo no pensaba gastarme ni un céntimo ¿no? pero como sigue pensando que heredará algún dinero de mi... pues oye, que no pierda la ilusión

Y mira que le tengo avisao que me lo voy a gastar todo en vino y drogas, pero creo que imagina que es una broma paterna o algo así

En fin, mi mozuelo ya va a cumplir 17 años y creo que ya es hora de dejarle tranquilo. Además, para qué mentir, se nos está volviendo serio y responsable, así que tampoco hay mucho divertido que contar. Esta serie ha dado mucho de sí, pero no debemos caer en el error de los productores de sitcoms, que las alargan hasta que deja de ser creíble hasta la banda sonora e incluso las risas enlatadas suenan desganadas.

He disfrutado escribiendo sobre nuestra vida, creo que algunas personas han disfrutado leyéndolo (mi chica la primera, y nuestro hijo también, aunque le cuesta reconocerlo) y me parece que este es un buen momento para despedirnos con dignidad. Yo seguiré aquí, en Episcophagus, y cuando pasen los apretones de trabajo de esta primavera procuraré asomar con más regularidad, pero D podrá disfrutar de su intimidad.

Y nada más, sólo queda pedirle a nuestro querido protagonista, unas palabras de despedida. Hijo mío, gallardo y esbelto joven, báculo de mi vejez ¿quieres decirle algo a tu club de fans?


...grñññññmmmbleomarporculgnnn...

miércoles, 31 de mayo de 2017

EL ÚLTIMO ROMANO


Como es sabido (y si no lo es, os lo digo yo ahora) los vándalos, tras permanecer un breve tiempo en el sur de nuestra península, se establecieron en el norte de áfrica, formando un reino con capital en Cartago. Sin embargo este reino no iba a perdurar más allá de un siglo, debido a la llegada de un personaje fascinante al que, en justicia, podemos llamar el último romano

Flavio Belisario nacio en Tracia, probablemente en alguna de las guarniciones del limes balcánico, cuando el Imperio de Oriente seguía sintiéndose romano. Justiniano, subido al trono en el año 527, sería el último emperador que hablaría en latín. Y es por ese sentimiento de romanidad que conocemos la figura de Belisario, ya que nunca habría pasado de ser una nota a pie de página de no ser por el ambicioso, y suicida a la postre, plan de Justiniano de reconstituir el Imperio de Occidente bajo el gobierno de Bizancio: la renovatio imperii romanorum

Belisario llamó pronto la atención de su emperador, porque sus ideas distaban mucho del culto a la tradición. Los generales romanos seguían bebiendo de la obra de Vegecio, rei militaris, que ya estaba anticuada cuando fue escrita dos siglos atrás. Belisario sabía que la era de las legiones había quedado atrás y organizó, pagándolo con su propio bolsillo, un regimiento de caballería pesada, formado por catafractos, adiestrados no sólo para la carga y el choque, sino también para el hostigamiento con arco compuesto, combinando así en uno los dos tipos de caballería que habían dado tantas victorias sobre Roma a los partos, primero, y a los sasánidas después.

Sería contra los sasánidas como se estrenaría Belisario en el mando, en el conflicto conocido como guerra ibérica, ya que estaba en juego el reino georgiano de Iberia, situado al suroeste del cáucaso. Allí las tropas de Belisario, estructuradas en torno a sus jinetes, sus fieles Bucelarii, se curtieron en numerosos combates hasta culminar la campaña con la contundente victoria de Dara, si bien luego sería vencido en Callinicum, la primera y única derrota de su vida. Sobre el campo de batalla, al menos.

A la guerra en Oriente seguiría una guerra civil, al estallar el surrealista motín de Nika, originado por las luchas de los seguidores de las carreras del hipódromo que, como modernos hooligans, se lanzaron a devastar la capital del imperio y alzaron al trono a un nuevo emperador, Hipatio, sobrino de Anastasio, el predecesor de Justiniano. Éste, por su parte, dio muestras de débil carácter ya que, aterrado, estuvo a punto de huir de la ciudad y sólo la firmeza de su esposa, la exprostituta Teodora, y la seguridad que le ofrecieron Belisario y Narsés, su canciller eunuco, le llevaron a mantenerse en el trono. Al frente de la Guardia, Belisario masacró a los amotinados, bañando las calles en sangre y capturando a Hipatio que, obviamente, fue ejecutado sin miramientos.

Llegó por fin el momento ansiado por Justiniano, que sólo esperaba una excusa para lanzarse sobre Occidente, y esta sería la lucha intestina por el trono de Cartago y la persecución contra los cristianos de Nicea por parte de los arrianos. Así, en 533, Belisario partió hacia Túnez, desembarcando en la actual Chebba, a unos 240 km de la capital vándala. El 13 de septiembre se enfrentó al rey Gellimar en AdDecimun, venciendo en muy difíciles condiciones gracias a su gran sangre fría. Después entró en Cartago sin oposición y se pertrechó mientras los vandalos se reagrupaban y recibian refuerzos desde Cerdeña. En vano, porque de nuevo serían derrotados en Tricamarum, en diciembre del mismo año, y tras algunos combates menores el reino se sometió.

Belisario, que no dudó en incorporar varios regimientos de vándalos a sus tropas personales, fue honrado con un impresionante triunfo al estilo imperial, el primero que se celebraba en Constantinopla. Fue una recompensa envenenada ya que las aclamaciones no ocultaban los celos de Justiniano, que había hecho volver a toda prisa al general desde África, imaginando que podía aprovechar su posición allí para conspirar contra el trono.

Y mientras las calles de Bizanzio aclamaban al héroe, los recaudadores y gobernadores imperiales ya estaban cayendo sobre la nueva provincia, desangrándola con todo tipo de nuevos tributos y arbitrariedades, ya que Justiniano necesitaba más y más dinero para sus ambiciosos planes.

En el 535, el emperador mandó a su general de nuevo hacia Occidente, esta vez a Sicilia, que cayó de inmediato. Lo lógico hubiera sido usar la isla como trampolín para saltar a la península pero Justiniano no quería que Belisario siguiera encadenando triunfos y esperaba que sus ejércitos llegaran a la península itálica por el este, siguiendo la costa dálmata. Sólo después de que los godos frenaran el avance romano en Salona recibió Belisario órden de cruzar a la Bota y allí, de inmediato, capturó Regium y Nápoles, asegurando la Campania y entrando victorioso en Roma en diciembre de 536. Los ostrogodos intentaron retomar la capital imperial pero tras un asedio infructuoso, la llegada de nuevos contingentes desde oriente a las ordenes de Narsés y una serie de fracasos repetidos, como el infructuoso asalto a Arminium, se retiraron hacia el norte y ofrecieron a Belisario la corona de Occidente. Éste, fingiendo aceptarla, tomo Ravena, la capital del reino godo, proclamandola como tierra sometida a Justiniano en el año 540.

Nada sorprendentemente, el emperador volvió a llamar al general, alejándole así de unos ejércitos que ardían de entusiasmo bajo su mando, y le envió al otro extremo del Imperio, a Siria, para detener una invasión de los persas sasánidas, sin darle medios para ello. Y allí, con apenas un puñado de soldados, derrotó a los invasores en Nisbis y remató la campaña atravesando el Éufrates con sus escasas tropas, forzando la retirada del enemigo y entablando negociaciones de paz en 542

De nuevo fue enviado a Italia, a combatir a los Ostrogodos que se negaban a someterse, y a los recelos de justiniano que, al temor por la fama de Belisario, unió su rapaz tacañería, negándole hasta los más ínfimos recursos, volviendo así inútiles sus victorias militares. El general fue relevado del mando en 549 y reemplazado por Narsés que, al contrario que él, pudo contar con todo el apoyo preciso y completó la conquista entre el 551 y el 554

Belisario, desengañado por la ingratitud de su soberano, se retiró de la vida militar, pero no podría acabar sus días en paz ya que la misma Constantinopla se vio amenazada por la llegada de los kutriguros, un pueblo búlgaro descendiente de los hunos. Ante la desesperada llamada de auxilio de Justiniano, cuyos ejércitos estaban dispersos por todo el Mediterráneo, Belisario reunió un puñado de veteranos y civiles sin experiencia, defendiendo exitosamente la ciudad y expulsando a los invasores más allá del Danubio.

Y, finalmente, recibió la merecida recompensa por sus servicios. En el año 562, fue llevado a juicio acusado de alta traición, condenado, y encarcelado

Justiniano, temiendo al parecer un nuevo motín, ordenó su liberación meses después. A partir de ahí hay dos historias. En una, el emperador le repuso en sus cargos y Belisario murió unos años después, rodeado de honores.

En la otra, antes de liberarle el emperador le hizo sacar los ojos, para asegurarse de que nunca más amenazara su grandeza. Según esa versión, caminó por las calles de Constantinopla, de la mano de su esposa Antonina, prostituta, como Teodora, y mendigó la caridad del pueblo entre la incredulidad y la rabia mal contenida de los viandantes.

Así le retrataron los pintores románticos, como el gran David. Un anciano extendiendo la mano en petición de limosna, todavía ataviado con los restos de su armadura, recibiendo la compasión de una matrona y el dolor de un veterano que alza sus brazos al ver la desdicha de su general

Fuera cual fuese su final, y al margen de su indudable mérito militar, la figura de Belisario impresiona tanto por su grandeza como por su tragedia. A la postre, sus victorias fueron inútiles. La reconquista del Imperio de Occidente sólo sirvió, a medio plazo, para iniciar la ruina del de Oriente, que derrochó sus fuerzas en ocupar y sostener unas tierras dispersas y distantes mientras la amenaza germinaba a sus pies, en el corazón de Arabia. Cinco años después de morir el ultimo romano, nacía en la Meca un niño llamado Abu I-qasim Muhammad.

Aparte de los historiadores, dos grandes novelistas, Isaac Asimov y Robert Graves, le retrataron, el primero en forma de homenaje en Fundación e Imperio, el segundo en una de sus mejores obras, El Conde Belisario, cuya lectura recomiendo encarecidamente a todos los amantes de la buena literatura en general y del relato histórico en particular. Pero, si hemos de resumir y entender su vida, basta con una línea escrita hace muchos años, dedicada otro guerrero que también recibió como recompensa, al menos en la leyenda, el rencor y el resentimiento de quien más le debía

Dios, que buen vasallo, si oviesse buen señor

jueves, 4 de mayo de 2017

LA HISTORIA DE LOS CUATRO FEDERICOS (qué follón de Federicos)



Los lectores aficionados a la Historia saben, gracias a la obra de Fuller, que la Guerra del Norte dio origen a la moderna Rusia, de la mano del zar Pedro I, el Grande. Sin embargo, el autor de Batallas Decisivas del Mundo Occidental omitió en su narración que en esas fechas tuvo lugar el nacimiento de otra nación que habría de convertirse en uno de los principales actores de la escena europea en los siglos siguientes: el reino de Prusia

El parto de Prusia fue largo y difícil. El territorio conquistado y defendido por los caballeros teutónicos, durante las cruzadas del Báltico, abarcaba toda la costa suroriental de dicho mar, hasta el golfo de Finlandia. Tras la partición del estado monástico de los teutones en el siglo XVI, lo que sería conocido como la Prusia ducal apenas ocupaba el territorio del actual oblast de Kaliningrado. Una serie de matrimonios bien estudiados convirtieron a los Hohenzollern, margraves y electores imperiales de Brandemburgo, en gobernantes de dicho ducado.

A finales del siglo XVII los duques electores gobernaban una serie de territorios separados y distante entre sí, un puzzle repartido entre la prusia ducal, al este, el margravato de Brandemburgo, con capital en Berlin, el ducado de Pomerania, junto a la peninsula de dinamarca, y diversos pedazos de tierra en la margen occidental del Rin, como el ducado de Cleves, Ravensteisn, los condados de Mark y Ravensverg... todo agrupados bajo la figura feudal de la unión personal. La Guerra de los 30 Años Devastó con especial crueldad estos territorios pero la casa Hohenzollern logró capear la tempestad de la mano de uno de los personajes más brillantes del momento: el Gran Elector, Federico Guillermo, el primero de los cuatro Federicos.

Nuestro Federico era un hombre frío y calculador, un duro calvinista que supo jugar sus cartas en una época tumultuosa, siendo muy consciente de la debilidad de su posición, ya que la geografía condenaba a los dominios de su casa a convertirse en el campo de batalla de media europa. No sabemos si el Gran Elector había leído a los clásicos, pero aplicó con firmeza la máxima de Vegecio: Si vis pacem, para belum. La guerra fue luchada por ejércitos de ocasión, principalmente de mercenarios. Federico era un excelente general, y ganó fama derrotando con sus escasos recursos a los invencibles ejércitos suecos en las batallas de Varsovia, Fherbellin y el lago Curonian. Su experiencia le hizo ver que el tiempo de los mercenarios había pasado, y en 1678 estableció el primer ejército permanente de Prusia.

Además de la guerra, preparó la paz. Con gran pragmatismo, estableció la libertad de credo, terminando con las tensiones religiosas. Asimismo anuló políticamente a la aristocracia, creando un funcionariado que vertebraría una administración ajena a la nobleza, y desarrolló una activa política de construcción de infraestructuras, protegiendo el comercio y poniendo las bases para un estado industrial. En lo exterior, mantuvo una laboriosa diplomacia, actuando de contrapeso en las relaciones entre Francia y el Imperio. A su muerte, Prusia Brandemburgo había dejado de ser un simple peón en el tablero del norte.

Su hijo, el Príncipe Elector Federico Tercero, el segundo (paradójicamente) de los cuatro Federicos, se encontró en muy buena situación al llegar al poder en 1688. Tan buen político como su padre, vio que el equilibrio europeo estaba a punto de saltar otra vez por los aires, debido a la ruina del Imperio español. Cuando estalló la Guerra de Sucesión, el juego a dos bandas de Brandemburgo Prusia llegó a su fin, y el elector tomó partido, apoyando con todas sus fuerzas al Sacro Imperio. Fue una buena decisión, ya que, en agradecimiento por su lealtad, el emperador Leopoldo I le otorgó, el título de rey, coronándose así como Federico I en Konigsberg, en 1701.

De acuerdo a la Ley Imperial, no podía haber un reino dentro del Sacro Imperio, de ahí que Federico no sería rey de Prusia, sino en Prusia, sumando a esa corona de nueva creación el margravato y el resto de sus posesiones, todavía a título personal, y renunciando a la categoría de elector. Lo que implicaba la independencia de facto de sus territorios respecto a la casa de Augsburgo, Su política interior continuó la del Gran Elector, aprovechando la bonanza económica de su reino para establecer mejoras educativas, protegiendo las artes y la cultura, estableciendo diversas academias al estilo francés y trayendo a sus salones intelectuales de toda europa. En el exterior, tras subir al trono volvió a la política de equilibrios seguida por su padre, logrando así mantener a Prusia fuera de los combates más duros de la Guerra del Norte, e interviniendo sólo cuando hubiera a la vista un buen premio, como en la campaña de 1714, que le supuso el dominio sobre la Pomerania sueca.

Su hijo Federico Guillermo I, el tercero de los cuatro Federicos, sería un monarca de muy distinto talante. Donde su padre era brillante y entusiasta, él era gris y aburrido. El rey político fue reemplazado por el Rey Sargento, así llamado por su afición desmesurada por lo militar, pero igualmente podría haber sido llamado el Rey Avaro. Su primera medida fue vender los caballos, el ajuar, las joyas y los muebles de su padre, y disolver la corte, quedándose sólo con el servicio indispensable para mantener en orden su casa. Ordenó cerrar las academias, por considerarlas un dispendio insufrible. Estableció nuevos sistemas de impuestos, incluyendo una tasa de exención para que los nobles y la burguesía pudiera eludir el servicio militar a cambio de una buena cantidad de dinero. Centralizó la economía en sus manos, incrementó la producción industrial, dirigió la roturación de nuevas tierras de cultivo, organizó el funcionariado con una normativa tan detallada como estricta.

Federico Guillermo vigilaba hasta el más mínimo detalle de cualquier actividad a su alrededor. Hoy en día, probablemente se le habría diagnosticado un trastorno obsesivo paranoide. Sólo se permitía una distracción, la que le haría ganarse el apodo de Rey Sargento: su ejército. Dedicaba cada segundo que le dejaba la administración de su reino a perfeccionar la disciplina, el adiestramiento y el equipamiento  de sus tropas, reformando el sistema de reclutamiento, mejorando las tácticas, instituyendo escuelas de oficiales y poniendo especial cariño en la formación de su juguete favorito, el batallón real de granaderos, formado por verdaderos gigantes, reclutando para ello, a la fuerza de ser preciso, a cualquier hombre que superara el 1,80 de estatura.

Paradójicamente, el Rey Sargento sería el único de los 4 Federicos que no  iría a la guerra. Quizás porque la sóla idea del gasto en municiones y suministros le haría temblar como si de sacarle los riñones a cuchilladas se tratase. En cualquier caso, al subir al trono, su hijo se encontraría con un ejército formidable y disciplinado, una economía sólida, una administración eficaz y un Tesoro lleno a rebosar. Aunque, a decir verdad, ese hijo estuvo a punto de no subir jamás al trono, porque la juventud del último de los cuatro Federicos fue cualquier cosa menos previsible


Federico II no tuvo una infancia feliz. Su padre le trataba con la misma rigidez que aplicaba a cualquiera de sus súbditos, exigiendo austeridad, marcialidad, disciplina y estricta obediencia, cosas todas ellas que casaban mal con el carácter de un niño, luego un joven, soñador, aventurero y con una mente que bullía de curiosidad y sensibilidad. En 1730, en un episodio que ha levantado cientos de especulaciones, el joven príncipe heredero trató de huir hacia Inglaterra en compañía de su más íntimo amigo y confidente, el teniente Von Katte. Traicionados por un paje, los dos muchachos fueron capturados y enviados a prisión. El rey ordenó su ejecución como desertores, y sólo tras mucho reconsiderarlo conmutó la pena de su hijo por prisión perpetua, amenazándole con la muerte si no renunciaba a sus derechos sucesorios en favor de su hermano menor, y obligándole a presenciar
la decapitación de su compañero, que le reiteró su lealtad un instante antes de que cayera el hacha.

El rey despreciaba doblemente a su hijo, por su desobediencia y por su afeminamiento, y sólo tras el matrimonio de Federico con la princesa Elisabeth Cristina de Brunswick le fue devolviendo sus prebendas, permitiendole finalmente establecer un dominio como príncipe heredero en Reinsberg. Allí el joven formó una pequeña corte que, por contraste con la casa cuasi monacal de su padre, bullía de actividad artística y cultural.

Federico Guillermo tenía los peores presentimientos sobre lo que habría de suceder cuando su debil y decadente hijo accediera al trono. Se habría sorprendido mucho por lo que iba a suceder, por no decir que se habría frotado los ojos de incredulidad, de poder ver el futuro.

Nada más subir al poder en 1740, Federico puso en práctica un ambicioso plan para unir sus distantes territorios por vía de la negociación o la conquista. En 1741 derrotó a los austríacos en Mollwitz, si bien allí flaqueó su voluntad. Creyendo que la batalla estaba perdida, huyó, descubriendo horas después que sus tropas habían vencido y regresando, avergonzado, ante sus generales. Sus nervios no volverían a fallarle nunca más.

Al final de la Guerra de Sucesión Austríaca, en 1745, había sumado Silesia a sus posesiones. Le seguiría la Guerra de los 7 Años, en la que Prusia se enfrentaría, prácticamente en solitario a Austria, Rusia, Sajonia, Francia y Suecia. El rey atacó primero, ocupando Sajonia y obteniendo sucesivas y resonantes victorias, entre ellas la de Leuthen, donde empleó por primera vez su célebre orden oblicuo. La coalición antiprusiana se disolvió en 1762, al morir la emperatriz Isabel de Rusia, y Federico pudo retener en su poder Silesia y otros territorios conquistados durante el conflicto. Luego vendrían la partición de Polonia y la Guerra de Sucesión Bávara. Al final de su reinado, el monarca dominaba el triple de territorio que a su advenimiento, y gobernaba un estado rico y estable, con una administración eficiente y un ejército con fama de invencible

Si sus hazañas bélicas son notables, más notable es su propia persona, que sumaba lo mejor de sus tres antecesores. Federico reabrió todas las academias cerradas por la cicatería de su padre, y gastó a manos llenas para convertir su reino en una tierra de promisión para las artes y las ciencias. Mejoró las técnicas agrícolas, trajo expertos de toda Europa para perfeccionar la industria, promovió expediciones, hizo cartografiar sus tierras... Prusia, apenas un nombre sobre el mapa un siglo atrás, iba a dar al mundo al mayor naturalista de los siglos XVIII y XIX, el explorador y científico Alexander Humboldt, el hombre que, prácticamente en solitario, daría nombre y forma a media América.

Como político, Era tan pragmático como su abuelo y su bisabuelo. Alejado de cualquier fanatismo, es, probablemente, el monarca que mejor ha encarnado el ideal del Príncipe, de Maquiavelo. Para él, la guerra no era una razón de ser en sí misma, sino una más de las herramientas a su disposición, no más valiosa que la diplomacia o el dinero. Su enfrentamiento con la emperatiz Isabel no le impidió dar forma a la amistad ruso prusiana que duraría casi hasta 1914. También estableció excelentes relaciones con Gran Bretaña, que aceptó de mil amores ayudar a un poder que desequilibraba a su tradicional enemigo francés, y estaba lo bastante lejos como para no suponer una amenaza.

Como muestra de su carácter, calculador e imaginativo, bastan un par de anécdotas. Se dice que, deseoso de implantar el cultivo de la patata en Prusia, y conociendo la resistencia por parte de los campesinos ante cualquier novedad, sembró patatas en las tierras reales, protegiendo los huertos con una fuerte guardia de granaderos. Pronto todo el mundo se hacía mientes sobre plantas tan valiosas que se destinaba un regimiento a custodiarlas. Luego, cuando todo estaba listo para la cosecha, retiró la guardia, y la gente entró en tromba a ver qué había allí, arramblando con todas las patatas que pudieron ya que, si tan buenas eran que el rey las quería sólo para sí, valdría la pena cultivarlas.

Su retrato más celebres le representa interpretando un concierto para flauta, bajo la mirada y dirección de Bach, en el salón de su palacio, ante la corte. Una imagen muy alejada de la del duro caudillo militar. De joven, viajando por Holanda, fue a alojarse al parecer en una posada, de incógnito, con sólo un acompañante. Pidieron a la posadera que les preparara algo de cenar, ofreciéndose a tocar para entretener sus parroquianos a cambio de la cena. La mujer, dudó de que aquel muchacho de aspecto extraño fuera un buen músico, así que el entonces príncipe sacó su flauta y tocó para ella, ante lo cual ésta fue a preparar, sonriente, unas empanadas.

Ciertas o no, estas anécdota reflejan bien el modo de ser del rey. Prusia conocería otros monarcas antes de convertirse en la espina dorsal de la futura Alemania, pero las bases de la nación prusiana fueron puestas por los cuatro Federicos, que culminarían en la extraordinaria personalidad de quien, merecidamente, recibiría el título de Federico el Grande.

 Asombrado por la forma con la que las gentes de Prusia se expresaban acerca de su rey, con un desparpajo que rallaba con la insolencia, un viajero inglés le preguntó al monarca como es que consentía a los plebeyos tales libertades, Éste le respondió...



Mi pueblo y yo, somos un matrimonio bien avenido: ellos pueden opinar lo que les venga en gana, y yo puedo gobernar como me apetezca

lunes, 10 de abril de 2017

VIDA DE AUTÓNOMO


Este año, tras un tiempo de incertidumbre, me encuentro con la agenda laboral prácticamente a tope. En estos momentos estoy sacando adelante el trabajo del día a día para las diversas publicaciones de la cabecera Muy y para la Agencia SINC, un encargo de cierta envergadura para SPL , afortunadamente sin fechas estresantes de entrega, y un trabajo particular que está casi terminado, a lo que se suman dos proyectos de gran volumen, el Dinoproyecto 2017 (mi cuarto trabajo de animación paleontológica para Japón) y un proyecto personal que voy a desarrollar a lo largo de este año, también sobre paleo*. Si ahora mismo me hicieran nuevos encargos de cierta envergadura, tendría que rechazarlos, lo cual es algo verdaderamente inusitado.

No es que me pase la jornada currando de sol a sol sin detenerme. Si hiciera eso podría sacar más volumen de trabajo, por supuesto, pero acabaría colapsando. Necesito tiempo para respirar, para estar con la gente a la que amo, y conmigo mismo, así que tengo que forzarme a mantener una rutina de trabajo razonable para que todo vaya saliendo, lo cual también es algo inusual: los que me conocéis sabéis que soy una persona muy caótica, y eso genera unas inercias muy difíciles de romper.

El ponerme en forma estos años me ha ayudado bastante, ya que supuso imponerme una disciplina bastante estricta. Por mucho que nos vendan esos mensajes de supérate, sé positivo, saca la parte mejor de ti, bébete nuestras deliciosas fórmulas energéticas... etc, lo de correr es un muermo muy gordo, y el cuerpo jamás te pide salir, sino arrebujarte en el sofá. El mío, al menos, me pide eso, pero suelo sobreponerme (casi) siempre

Arranco motores, en un día normal, sobre las 8'30. Reviso correos por si hay algo urgente (cuando tienes clientes fuera de España te pueden llegar mensajes a horas muy, muy raras**). En caso de algún tema urgente de curro me pongo con ello y adiós rutina, pero es lo que toca. Si no es así me calzo las zapatillas y la ropa de deporte.

Últimamente salgo con S a entrenar cada dos días, así que o tiro para su casa, donde me espera a regañadientes pero por la boca chica, porque en el fondo se lo pasa bien, o salgo directo para el parque (el mismo recorrido en ambos casos, sólo cambia el lugar de partida)

Entre las 9'30 y las 10 llego a casa. Duchita y desayuno. Darío P recomienda el ejercicio antes de comer, para que consumas el glucógeno de los músculos y, así, lo que comas después va directo ahí. Lo que viene a ser desayunar a débito, te zampas unas calorías que ya has quemado previamente. Lo malo es que la mente hace extraños y sinuosos vericuetos y acabas con la idea de que, total, ese desayuno no cuenta, y más de una mañana me redesayuno, en plan hobbitt. Si hay que hacer compra aprovecho ese rato. Idem si hay que fregar platos.

En cualquier caso, entre las 10'30 y las 11 empiezo a currar, con paradas de cinco a diez minutos cada hora en teoría, pero como me de por abstraerme, si estoy con algún tema que me absorbe, me olvido hasta de mear***. Si no es así, en los descansos me meto en las rrss, ojeo algún tebeo, me paseo por la casa, me pajeo... lo que viene a ser matar el rato y vaciar un poco la cabeza

A las 13'30, parada para hacer la comida. Si es algo que puede dejarse al fuego o al horno me pongo una alarma (no sería la primera vez que incinero una olla por olvido) y vuelta al tajo hasta las 15'00, que suele llegar D, mientras que mi chica llega sobre las 15'30. 

Parada larga para comer, sobremesa. Si ando fatigado por haber dormido mal (este año la alergia me ha tenido bastante jodido de febero a casi abril) cabeceo un rato.

17'30 a 21'30, más curro. Entre la tarde y la mañana sumo de 5 a 7 horas. Cuando toca dibujar a lápiz procuro que sea en este espacio, ya que prefiero abocetar con luz de día. Eso, en invierno, es un asco, ya que suele haber más bien poca luz. Dicho sea de paso, cuando sale uno de esos días cortos y grises que no ves el sol ni pagando por él, suelo andar con el ánimo bastante chof y ganas de nada. Soy muy lagartijo, a mí dadme solecito.

Cena, ratito de sofá en pareja, alguna serie.

23'30, empieza la jornada nocturna. Esta puede oscilar entre dos y cinco horas. Es el espacio que me da flexibilidad para acometer todo. Si al día siguiente he quedado, o toca gimnasia por la tarde, suelo acostarme bastante tarde, para compensar la jornada. Debo decir que de noche avanzo mucho porque hay muy pocas distracciones. Me acostumbré a hacerlo cuando D era peque, ya que era cuando se dormía y podía centrarme, y me he vuelto un ave nocturna.

El objetivo de esta rutina es sacarme, de media, 8 horas de trabajo 6 días a la semana. Si las cosas van a su ritmo y no hay imprevistos, puedo bajar un poco el ritmo. Si llega un aluvión de curro, tengo margen para forzar la máquina y sacar de 50 a 60 horas semanales, pero no más allá de dos o tres semanas seguidas. Años ha era capaz de meterme en caso de grave atasco una jornada de 36 horas currando sin parar, pero a día de hoy no me veo capaz de hacer algo así, que ya voy para mayor.

Si habéis echado cálculos, veréis que duermo tirando a poco. Por mí dormiría mucho más, y cuando tengo una mañana libre de curro me la suelo tirar en un zzzzzzzzzzzzzzzz. Le tengo cogido el tranquillo a dormir en trenes y en el metro, a quedarme frito mientras espero a L en la piscina o a D en el odontólogo. Si me veis en el metro con la cabeza gacha, probablemente esté dormido. En alguna ocasión que he tenido que estar un par de horas de espera en Madrid por algún motivo, y no me compensaba subir a casa, me meto en la linea 6, la circular, pillo asiento y duermo tranquilamente hora y media mientras doy vueltas por Madrid: recomiendo dicha línea a todo el mundo, con las lógicas precauciones para que no puedan sacaros la cartera ni mangaros la mochila.

Y en esencia, esa es mi plantilla de vida laboral. Es raro que salga una semana en la que pueda cubrirla todos los días, ya que siempre hay alguna cosa que hacer. Bajar a ver a algún cliente, o algúna amiga/o a quien hace mucho que no veo, hacer compras intempestivas, grabar un programa con AntenaHistoria... Si necesito desconectar, y dado que trabajo en casa, la mejor forma de hacerlo es saliendo de casa. Cuando se me olvida y empiezo a estar borroso, mi chica me coge de una oreja y nos vamos a tomar una cerveza, o simplemente a pasear tranquilos, y aparte del gimnasio suelo quedar al menos una tarde a la semana**** y ese día ya no trabajo hasta la noche. Me supone luego un sobreesfuerzo de un par de noches, pero compensa.

Las horas de trabajo no son, necesariamente, horas dibujando, modelando o animando. Buena parte de mi trabajo implica buscar documentación, revisar, archivar, sacar copias de seguridad, responder bastantes correos o, pura y llanamente, pensar y planificar. Y recoger, que tengo el cuarto de trabajo manga por hombro a base de acumular documentación y bocetos y se me comen los papeles.

Y así voy sacando las cosas. Mas o menos. 

De todas formas, este ritmo sólo se mantendrá hasta finales de junio. Pasada esa fecha podré relajarme un poco y dedicar un par de horas diarias a lo que sea que me apetezca, dormir, leer, hacer puzzles o montar la Basílica del Pilar con palillos. O escribir, que nunca saco tiempo para llevar al día el blog

Hasta entonces, si no sabéis de mí, no os preocupéis, estaré aquí, dando por la patria, digo por el vil metal, hasta la última gota de sangre, si fuera menester.

Disfrutando de la vida del autónomo: el placer de saber que eres tu propio jefe, con el pequeño inconveniente de que, como jefe, eres un tirano y un explotador

* Y dado que me encargan cosas sueltas de paleontología de insectos, y otro cliente me va pidiendo imágenes de paleontología de humanos, lo cierto es que este año más de las dos terceras partes de mi curro será paleoarte

** El año pasado, un cliente de Nueva Zelanda solía mandarme correos a las 4, justo antes de irme a la cama

***Sondas para autónomos: ahí veo una interesante oportunidad de negocio

****Si puedo, agrupo quedadas en el mismo día, de modo que salgo del gimnasio y tiro directo para el Dinosaurio de Lavapies

jueves, 6 de abril de 2017

AMAZONAS CON ALAS


Entre los años veinte y los treinta, la aeronáutica se convirtió en una pasión entre los ciudadanos soviéticos. Proliferaron los clubes de aviación y paracaidismo y miles de hombres y mujeres se adiestraron como pilotos, tanto en planeadores como en aviones a motor. Eso permitió construir una gigantesca fuerza aérea, probablemente la mayor del mundo en el comienzo de la segunda guerra mundial. Sin embargo, la falta de unas directrices tácticas adecuadas, los vaivenes doctrinales ocasionadas por las cambiantes tendencias políticas y, sobre todo, la gran purga stalinista, convirtieron a la VVS en un gigante con pies de barro. Como remate, el desastroso despliegue en primera línea entre 1940 y 1941, dejó a los pilotos de la URSS, literalmente, a los pies de los caballos.

Cuando los alemanes iniciaron su ataque, la aviación soviética fue prácticamente aniquilada. Las unidades de primer y segundo escalón fueron trituradas en los primeros días de Barbarroja, y los alumnos de las escuelas de pilotos fueron lanzados al combate sin completar su adiestramiento, derrochando valor pero sin ninguna posibilidad de victoria, hasta el punto de que los pilotos alemanes consideraron la lucha de esas semanas como una carnicería sin sentido.

Las normas no prohibían explicitamente la participación de las mujeres en misiones de combate, pero las pilotos que formaban parte de la VVS al comienzo de la guerra fueron relegadasa misiones de transporte y adiestramiento, al igual que lo serían sus homólogas estadounidenses, las WASP. Sin embargo, la sangría del comienzo de la campaña y la desesperación ante la imposibilidad de detener el avance de los nazis permitieron a una mujer acabar con ese prejuicio.

La Coronel Marina Raskova era instructora de vuelo desde 1933. Había protagonizado varias hazañas de aviación antes de la guerra, incluyendo un vuelo sin escalas de 6500 km con una tripulación formada por otras dos mujeres, lo que les mereció el título de heroinas de la URSS y, a su comandante, el apodo de la Amelia Earthart de Rusia. A raíz de ese vuelo conoció personalmente a Stalin, estableciéndose entre ellos algo parecido a una amistad. Gracias a ello, en 1941 pudo convencer al dictador de empezar a alistar a los pilotos mujeres que ardían de impotencia viendo morir a sus camaradas sin poder combatir a su lado. Así fue como, en octubre del 41, se dio la orden para la formación de tres regimientos aéreos femeninos, el 586 de caza, el 125 de bombardeo y el 588 de bombardeo nocturno, que habría de convertirse en la más célebre de las tres unidades.

Llenar las plantillas no fue difícil. Cientos de voluntarias acudieron a la llamada de inmediato. Se seleccionaron a las cien más cualificadas y empezó su instrucción militar. No había apenas medios para destinar a las nuevas unidades, todo lo que salía de las pocas fábricas aún en funcionamiento era enviado directamente al frente. Las propios pilotos tuvieron que cortarse entre ellas el pelo, reconfeccionar los uniformes, rellenar con calcetines las enormes botas de fieltro de la talla 42 que les entregaron y, sobre todo adaptar artesanalmente los asientos y pedales de los aparatos, ya que se habían diseñado pensando en estaturas mayores que las suyas.

El adiestramiento tuvo lugar a bordo de viejos biplanos Polikarpov II, y ese sería el avión en el que tendría que combatir la más célebre de las tres unidades: el regimiento 588, a las órdenes de la mayor Yevdokia Bershanskaya.

Estos aviones eran viejos conocidos de las jóvenes aspirantes. Se trataba del biplano más construído de la historia, con casi 30000 ejemplares y se había usado como entrenador desde 1929. Era una carraca, un avión de madera y tela, endeble y voluminoso, que volaba a una media de 100 km/h y, con el motor a toda potencia, apenas llegaba a 165. Tras la pérdida de miles de aviones modernos en los primeros momentos de la invasión, la URSS carecía de recursos, así que los viejos PO2 se estaban empleando ya como aparatos de reconocimiento y se barajaba la posibilidad de utilizarlos como bombarderos a la espera de volver a contar con aparatos más adecuados.

Las pilotos del 588 empezaron a desarrollar sus propias tácticas, ante la sorna y la incredulidad de sus superiores masculinos, que no creían que un puñado de niñas de entre 17 y 24 años fueran a aportar algo más que algún valor propagandístico. Aun así, en junio de 1942, se incorporaron al 4º Ejército aéreo, estacionado en Ucrania, que iba a hacer frente a lo largo del verano y el otoño a la enmbestida alemana contra el Cáucaso. Durante los meses de la retirada hacia el Volga las jóvenes combatientes poco pudieron hacer con sus anticuados aparatos, más allá de ir ocupando sucesivas posiciones mientras el Ejército Rojo se retiraba, dejando tras de sí la tierra quemada. No sería hasta agosto cuando llegaría su oportunidad, cuando las columnas del VI ejército llegaron a Stalingrado y el frente se estabilizó. Pronto empezaron a actuar desde bases improvisadas al este del río y, para sorpresa de los mandos, lo hicieron muy bien.

Las niñas volaban en formación de tres aparatos casi rozando el suelo, indetectables para los artilleros que apuntaban al cielo. A un par de millas del objetivo, las pilotos apagaban el motor y planeaba mientras las navegantes, en el asiento trasero, armaban las dos bombas que podían cargar aquellos venerables cascajos. La formación se separaba en abanico, de forma que los dos primeros aparatos atrajeran los reflectores y los disparos antiaéreos, para, bruscamente, romper el contacto y desaparecer mientras el tercero atacaba a cubierto de la oscuridad. La navegante, apuntando a ojo, lanzaba a mano sus bombas sobre las líneas enemigas. Luego, motor en marcha y de regreso a la base, a cargar más bombas y volver, en ocasiones hasta diez misiones por avión cada noche.

Puede no parecer muy impresionante, y desde luego los daños materiales que podían ocasionar las mujeres del 588 no eran más que arañazos, pero en poco tiempo se convirtieron en algo más que una incomodidad. Sus ataques llegaban en silencio, por donde menos se las esperaba, en cualquier momento de la noche. En vez de dormir, los soldados alemanes se desvelaban ante las explosiones, las alertas, los disparos de la Flak tirando a ciegas. Los primeros ataques fueron vistos con desprecio, pero las tropas germanas pronto descubrieron que la falta de descanso podía ser más peligrosa que las bombas. A eso se sumó el desconcierto de saber que quien se jugaba la vida sobre sus líneas, noche tras noche, eran mujeres, lo que añadía aún más sal a la ofensa, dado el estupor que suponía, para los nazis, el concepto de las mujeres soldado.

Con el tiempo los soldados del VI Ejército aprendieron a identificar el sibilante sonido de los biplanos atravesando el aire a motor parado, que les recordaba al susurro de las brujas del cuento, volando sobre sus escobas. De ahí vendría el apodo que recibirían sus silenciosas enemigas: die Nachtexen, las Brujas de la Noche.

El mando alemán acabó por aceptar que la amenaza que suponían esos ataques iba más allá de lo anecdótico y ofreció la cruz de hierro a cualquier piloto que lograra derribar uno de sus aparatos. Los pilotos germanos se veían espoleados por el deseo de barrer del aire a un enemigo doblemente indigno de ellos, por mujeres y por eslavas, subhumanas. Empero, las subhumanas eran duras de roer.

Las pilotos del 588 aprovechaban en su beneficio las principales desventajas de sus anticuados aviones: la endeblez, ya que, salvo que un disparo afectara al motor o alcanzara directamente a las tripulantes, era muy difícil que las balas hicieran otra cosa que atravesar limpiamente la estructura de madera y tela, y la velocidad. Los ataques de los Po2 se ejecutaban a 100-120 km por hora, y los Me-109 no podían reducir su velocidad tanto como para ponerse a la cola de los biplanos y acribillarlo, ya que entraban en pérdida a 250 km por hora. Su única opción era dar pasadas sucesivas, fijando el blanco en sus visores apenas unos segundos, y eso contra unos aviones tan ágiles a baja velocidad que a veces los hombres de la Luftwaffe tenían la sensación de que el avión enemigo se había detenido en el aire para esquivar la ráfaga. Al igual que los griegos con las amazonas de la leyenda, los nazis mitificaron, sin pretenderlo, a sus feroces adversarias. Corrían rumores, se decía que las zorras rusas eran mujeres entrenadas especialmente en Siberia bajo las más duras condiciones, que hacían un juramento de sangre, que eran vírgenes, que las habían operado los ojos para ver de noche, que tomaban drogas secretas... Nadesha Popova, una de las pilotos más laureadas, fallecida en 2013, dijo al respecto, qué estupidez, no éramos más que un puñado de chicas bien educadas, listas y con talento.

No era un juego. En las reducidas carlingas de los viejos biplazas, las aviadoras no tenían espacio para llevar un paracaídas. En caso de ser alcanzadas, la única opción era planear lo más cerca del suelo posible y saltar, confiando en no matarse con la caída. La propia Popova fue derribada en varias ocasiones, sobreviviendo con contusiones y varias costillas rotas, e incorporandose de nuevo a los ataques en cuanto lograba retornar a pie a las líneas soviéticas, totalizando a lo largo de la guerra 852 misiones de ataque, con el record de 18 misiones en una sola noche. No todas tuvieron esa suerte. Una noche aciaga cuatro Polikarpov fueron abatidos sobre las líneas enemigas, sin supervivientes.

En febrero del 43, tras la caída de Stalingrado, el 588 fue honrado por los mandos soviéticos, pasando a denominarse 43 Regimiento aéreo de Guardias, Taman. Tras cubrir sus bajas la unidad fue reequipada con Pe-2, como sus compañeras del 125, participando en todas las batallas que culminarían con la expulsión de los alemanes de Ucrania a finales del 43.

Al final de la guerra las Brujas habían sumado 30.000 misiones de ataque nocturno, lanzando sobre los invasores nazis más de 25000 toneladas de bombas. 32 aviadoras murieron en combate, al igual que su valedora, Marina Rashkova, caída en enero del 43 al mando del regimiento 125, también sobre stalingrado, a bordo de un bombardero bimotor Pe-2.

El final de su historia es triste. En el 45 las supervivientes, tras recibir sus últimas condecoraciones, volvieron a sus hogares, recibidas como héroes, pero la unidad fue desbandada y se les prohibió hablar con nadie de su lucha. La historia oficial iba a ignorarlas: la imagen de las mujeres tomando las armas no casaba con el ideal stalinista que ensalzaba la hombría del soldado soviético, así que su recuerdo quedó limitado a la memorias de las supervivientes y de los militares que combatieron a su lado, primero con desdén, y al final con la admiración y el respeto merecido por camaradas de armas.

No sería hasta finales de los años 80 y primeros de los 90 cuando empezó a recuperarse la historia de las pilotos de la VVS. Lejos ya la mitología estatal de los 50, su recuerdo ponía la piedra de toque en la historia de la Guerra Patriótica, cuando hombres y mujeres, hombro con hombro, se enfrentaron a una guerra de exterminio y la vencieron.